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«Recuerdo cuando Massimiliano y yo nos enamoramos»

Recuerdo también cuando los dos nos enamoramos de esta hermosa isla.

Pero recuerdo aún mejor cuando vimos por primera vez esta vieja casa abandonada y, los dos a la vez, tuvimos claro que este sería “nuestro lugar en el mundo”. Es aquí donde queremos vivir el resto de nuestros días: los dos estamos tan atraídos y conectados con este lugar, que no podríamos abandonarlo.

Aquí es donde queremos también invertir todos nuestros recursos y dar vida a nuestro proyecto de vida.

Y nos dimos cuenta rápidamente de que para convertir nuestro sueño en realidad se necesita tiempo, unidad, habilidad y resistencia.

Al igual que toda aventura requiere un desafío, como cuando nos obliga a enfrentarnos a verdaderas odiseas burocráticas para legitimar nuestro proyecto, pero gratificante a la vez, porque cada día nos hace inmensamente orgullosos de lo que somos capaces de hacer juntos.

Cada pequeño avance fortalece nuestro coraje, ingrediente indispensable para continuar nuestra aventura.

Aquí la bio-construcción no está de moda, más bien diría que casi es “ciencia ficción”, como nos repiten con cariño nuestros amigos Majoreros, que son los nativos de la isla. Y quizás tienen razón, porque para hacer realidad cada gran sueño, se necesita talento, recursos, valor, pero también una pizca de locura, que ciertamente no nos falta.

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